El tiempo desmayará,
el día que tú juntaras
a la brevedad cotidiana
con la eternidad transmundana.
Sacrilegio posible en tu lecho,
entre besos cálidos y atrapantes,
rodeado de susurros sin desecho,
de caricias y abrazos inquietantes.
Verdad será aquel día,
Cuando vigilado por tus ojos
Que recuerdan a palomas
Y sostenido por tus senos
Semejantes a gacelas,
Sea tu bolsa de mirra
Al descansar sobre tu pecho.
No quiero redundar en lo evidente.
Como teólogo decadente
Te metí en mística algarabía,
Protagonista te hice de esa poesía.
No te ofendas. Es solo un poco de amor que se soltó de las cadenas,
al grito de mis sentimientos
y al temblar por la frialdad de tu rechazo….
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